Los cacahuetes rancios del amor de los idiotas

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Tengo hambre.

No hay casi nada de comer en casa, y de lo que hay, nada me apetece. He mirado 15 veces la nevera y la despensa, y nada. Que asco todo. Tendría que haber comprado más pan. Y más guacamole. Y más de todo, joder, que puto hambre.

Hasta que de repente me he acordado de los cacahuetes esos que compramos hace meses. Si están deben estar más p’allá que p’acá, porque llevan un puto siglo abiertos. Que bien, siguen ahí. Dando bastante grima, pero siguen ahí. Para engañar al estómago no están mal.

Esto acaba de pasarme, pero es una metáfora de la vida: TU EX NO TE ECHABA TANTO DE MENOS, SUBNORMAL, ERES SUS CACAHUETES REVENIDOS.

Se me cauteriza el coño solo de veros.

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Para lucir hay que sufrir (Del castellano. gilipollas)

YO CON RULOSRecuerdo la primera vez que escuché esa expresión. Me la dijo mi tía mientras me desenredaba el pelo y yo me quejaba como si me estuviera depilando las pestañas:

– ¡Es que tiras!

– Para lucir hay que sufrir, maja.

Aunque ahora veo claramente que en ese caso significaba “Te jodes, y cállate ya, niña pelma”, yo no entendí nada ¿Lucir qué? ¿Sufrir para qué? DE QUÉ HOSTIAS IBA TODO ESE ROLLO.

*Quiero aprovechar también este momento para agradecerle a mi tía Josune la paciencia de desenredarme el pelo y que a día de hoy no me pasee por el mundo con una rasta gigante tamaño full head. Parecería una puta cebolla.*

Así pero más tocho y estropajoso. Estilo hortaliza perroflauta.

El caso es que los años pasaron, y eso que veis ahí arriba que parece una señora del futuro-pasado o a la que le están aplicado terapia de electroshocks soy yo, la anti peines, con unos cacharros extrañísimos en la cabeza intentando que mi pelo tenga una forma que solo no le sale tener. También lo decoloro hasta que me lloran acetona los ojos. Pero en todos esos casos podríamos aplicar más bien el “sarna con gusto no pica” porque lo hago cuando me apetece. Porque lo hago porque me gusta tener el pelo verde y parecer una mala de Disney.

El problema viene con TODO lo demás. Con todo lo que ademas de innecesario es desagradable e incomodo. Con todo lo que hacemos “porque nos toca hacerlo”, para no ser bichos raros, para intentar no ser unos putos adefesios.

Aquí dejo una pequeña lista de putaditas que nos autoinfligimos y que deberíamos empezar a revisar

1- Comprarte ropa que te va 2 tallas pequeña porque “ya te entrará”

O, al menos, lo intentarás: te meterás con vaselina en ella, o te matarás de hambre media semana. Da igual, esas compra son tan emocionante como tortuosas. La puta presión de entrar en ese trapo. ¿La verdad? Es muy probable que no entres nunca, entre otras cosas porque con la talla que estás estás estupenda y no tienes por qué coño adelgazar para entrar en esa mierda de vestido que encontraste en rebajas.

Ya sabéis de qué va esto.

2- Comprar ropa que te aprieta el coño

Es tu talla, te queda de puta madre, todo fetén, excepto por ese pequeño detalle. Tu juju está oprimido, comprimido, aplastado y, con las horas, estará rozado y dolorido. Estás en el probador sopesando los pros y los contras “Podría ponerme un salvaslip y todo solucionado” Claro que sí, así se te clavará menos y te sudará el coño el doble, todo ventajas. Que no, que no hay pantalones tan preciosos ni tan favorecedores que merezcan esa tortura al pussy. Lo dice una que tiene el armario lleno de pantalones que, si los llevase durante más de 3 horas, me serrarían hasta ampliar los territorios coñíferos al ombligo. Respetemos a esa parte del cuerpo que tantas alegrías nos da, joder.

Intentar desincrustarte los pantalones del juju en un espacio público bien iluminado.

3- Depilarnos por sistema

No digo que depilarse esté mal, digo que casi siempre lo hacemos sin pensar. Las tías solemos depilarnos porque tenemos que hacerlo y punto. Yo, personalmente, estoy bastante hasta el coño qué me digan que me tiene que acomplejar para que muchos se forren de pasta vendiéndome cosas para tratar de arreglarme. Así que solo os recomendaré que os paséis buenos ratos desnudas y decidáis que pelo de vuestro cuerpo realmente os molesta u os resulta feo y que partes depiláis simplemente por poner el piloto automático del pudor femenino. Y si hay pelo que ni os molesta ni os disgusta, que se quede ahí, y que le den muy fuerte por el culo a quién tenga algún problema con ello.

Ya de paso podríamos darle un puntito emocionante a la depilación.

4- Maquillarse cuando no toca

En serio chatis: si no os apetece, no os maquilléis. Si hace 47 grados y con el maquillaje se os va a derretir la cara: no os maquilléis. Si vais a la playa, a la piscina o a un río y vais a tener que andar pendientes de estar monas en lugar de disfrutando: no os maquilléis. Aprended a disfrutar de vuestra puta cara tal y como es, y maquillaos cuando os salga de los ovarios, no porque sintáis que tenéis nada que ocultar o algún estatus absurdo que mantener.

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Chica en el baño de un bar en pleno agosto intentando contener los chorretones de maquillaje, aceite y sudor que se le escurren de la cara por el calor.

5- Tema ZAPATOS

Vamos abreviar con esto, no te compres/te pongas zapatos que:

  • Te toquen alante.
  • Se te salgan.
  • Sean incómodos en general.
  • Te hagan partirte 15 veces los tobillos antes de salir de casa.
  • Sean peligrosos para bajar escaleras.
  • Solo porque son muy baratos.
  • Te duerman partes del pie (esto da puto yuyu).

¿Sabéis que hay que hacer para lucir? SONREIR, así que vamos a ver si entre todas nos dejamos de gilipolleces y cambiamos de una vez el refrán.

Domingo de vodka

Miedo.

Miedo a fallar.

Miedo a follar.

Miedo a todo lo que nos rodea, pero más miedo de todo lo que nos mantiene cosidos por dentro.

Las costuras que nos aguantan, que nos salvan de rasgarnos entre mierda y sueños de niebla en la que me pierdo, me toco, pero ya no me siento.

Miedo a las caricias que ya están muertas antes de dejar las manos.

Y a las que agonizan presas en corazones de niños que son adultos cobardes, cansados.

Lágrimas de sangre de las agujas que se quedaron al intentar volver a unir todos los últimos retales de lo que ya no sabes si late dentro.