Domingo de vodka

Miedo.

Miedo a fallar.

Miedo a follar.

Miedo a todo lo que nos rodea, pero más miedo de todo lo que nos mantiene cosidos por dentro.

Las costuras que nos aguantan, que nos salvan de rasgarnos entre mierda y sueños de niebla en la que me pierdo, me toco, pero ya no me siento.

Miedo a las caricias que ya están muertas antes de dejar las manos.

Y a las que agonizan presas en corazones de niños que son adultos cobardes, cansados.

Lágrimas de sangre de las agujas que se quedaron al intentar volver a unir todos los últimos retales de lo que ya no sabes si late dentro.

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